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"LA GENTE LLEVA PARA EL DÍA NOMÁS": LA FERIA DE LIBERTADOR SIENTE EL GOLPE DEL AJUSTE

  • Foto del escritor: Christian Ariel Rodriguez
    Christian Ariel Rodriguez
  • hace 34 minutos
  • 3 Min. de lectura


Jubilados y feriantes describen cómo la caída del consumo y el deterioro del predio ferial complican el día a día en el barrio 40 Hectáreas


La feria del barrio 40 Hectáreas en Libertador General San Martín ya no es la misma. Lo que antes era movimiento, surtido y bolsas llenas, hoy es silencio después de los días de pago, barro cuando llueve y gente que entra con mil pesos para “zafar el día”.


Los testimonios recogidos en la feria muestran una economía familiar al límite. No es solo que subieron los precios. Es que la plata no alcanza, el predio no ayuda y la gente se queda en el barrio.


"Desesperante, ya no da para más"


Francisca Cáceres tiene 77 años y cobra $180.000 de jubilación porque tuvo que sacar un préstamo para llegar a fin de mes. Lo dice con la voz cansada, parada en la calle vendiendo bingos y miel de abeja: “La luz cada vez más cara y no sé, la verdad sinceramente. Ya hace rato cobré y ya no tengo nada”.


Vive con su hija, que es quien la sostiene para el almuerzo, el desayuno, para todo. A su edad sigue trabajando porque con la jubilación no le alcanza. “En todos los años que he vivido, esto es lo peor. El peor gobierno. No veo la hora que se vaya”, suelta sin filtro.


Francisca no es un caso aislado. Es la imagen de cientos de jubilados del Ramal que sostienen su casa con préstamos y ayuda familiar, mientras la boleta de luz y la garrafa se comen más de la mitad del ingreso.


"Se plancha, se apaga": la venta depende del día de cobro


Adrián trabaja hace años en la feria y conoce el movimiento. “Lunes y sábados son donde más corridas hay. Los jueves es un poquito más despacio, más tranquilo. Los días de pago son los que más se vende. Después se plancha, se apaga un poco”, cuenta.


El problema no es solo la plata. Es el lugar. Cuando llueve, el predio se convierte en un barrial lleno de pozos. No está arreglado. “La gente se queja y prefiere quedarse en el barrio. Queda muy retirado y mal mantenido”, explica.


El ánimo acompaña: “Medio apagada la gente. Dicen que a veces suben las cosas. Algunas están un poquito elevadas, otras bajan. Nosotros tratamos de mantener los precios, no subirlos tanto por el tema económico”.


En su casa llegan “término medio, apenas”. Viven de un sueldo de jubilado y una pensión. Son familia numerosa. “Si no fuera por eso, no llegaríamos”, admite.


La papa subió 20% en una semana y los números no cierran


Los precios en la feria no paran. La papa pasó de $15 a $18 el kilo en siete días. El feriante la pagó $17 en Perico ayer. La cebolla se mantiene en $14-$14.50.


“Todos compran menos. Todos dicen que no hay plata”, repite el vendedor. Pero aclara algo que se ve en la calle: “Si realmente no hubiera plata, no hubiera tantas movilidades nuevas. La gente le invierte la plata en otras cosas y dice ‘no hay plata’”.


En su casa trabajan todos. Sus hijos en el taller y en Gendarmería. “La plata no viene a la casa sola. Ayer pagué $16-$17. Sacamos $1000 no más de ganancia. Pero si nos quedamos lamentando con que no hay plata, ¿vamos a comer?”.


El cambio en el consumo es el dato más duro. Antes la gente compraba por kilo: un kilo de papa, un kilo de cebolla, un cuarto de arveja, una torta de acelga, media torta de perejil, un apio, cuarta de tomate, cuarta de limón. Compraban surtido, varios kilos.


Hoy no. “Ahora no. Te llevan mil pesos pero todo surtido. Un poco de cada cosa para zafar el día”, dice el feriante. “Esto viene de hace varios meses. Se viene complicando. Para mí no hay plata en la República. Por eso la gente está bajoneada. Y lo poco que tiene, se va todo caro: la luz, el gas. Hacen lo imposible para tratar de sobrevivir”.


Los números que duelen


- Jubilación: $180.000 = $6.000 por día

- Garrafa 10kg: $25.000

- Kilo de carne: $24.000

- Papa: $15 → $18 en 7 días

- Consumo: de comprar por kilo a comprar $1000 surtidos para el día


Francisca trabaja a los 77 años y aún así depende de su hija para comer. Adrián y su familia viven con un sueldo de jubilado y una pensión. La feria vende más barato que el centro, pero la gente no va cuando llueve.


La feria es el termómetro de Libertador. Y hoy marca que la plata no alcanza.



 
 
 

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