PACIENTES ONCOLÓGICOS EN LEDESMA: FALTA DE MEDICACIÓN, TRASLADOS Y UNA RED SOLIDARIA PARA SOSTENER LOS TRATAMIENTOS
En el marco de las actividades que el Grupo Renacer impulsa durante octubre, sus integrantes también pusieron el foco en la realidad que atraviesan actualmente las personas que se encuentran realizando tratamientos oncológicos en Ledesma. A las dificultades propias de la enfermedad se suman, según relataron, demoras en la entrega de medicamentos, costos de estudios y traslados y la necesidad de recurrir a redes solidarias para poder sostener los tratamientos.
Alicia Vigiani explicó que uno de los problemas que conocen de cerca es la demora en la entrega de medicamentos. En algunos casos, los pacientes reciben la medicación después de haber terminado las dosis disponibles, generando una situación de preocupación ante la necesidad de mantener la continuidad del tratamiento.
Frente a estas situaciones, las propias pacientes desarrollaron una red de colaboración a través de un grupo de WhatsApp. Cuando alguna persona no consigue un determinado medicamento a tiempo, consulta entre sus compañeras y, si alguna cuenta con una dosis disponible, se la facilita hasta que pueda recibir la medicación correspondiente.
“Tratamos de ayudar en ese sentido”, explicó Vigiani, quien aclaró que el grupo no tiene incidencia directa sobre el sistema de provisión de medicamentos, pero intenta acompañar y resolver dentro de sus posibilidades las situaciones puntuales que se presentan.
Desde Renacer señalaron además que las dificultades no se limitan a la medicación. Muchos pacientes deben trasladarse desde Ledesma hasta San Salvador de Jujuy para acceder a consultas, estudios y tratamientos específicos, ya que, según indicaron, en la zona no cuentan con atención oncológica especializada.
Los gastos de traslado representan otra preocupación. Si bien existe un servicio de transporte desde el sistema público, las integrantes del grupo explicaron que en determinadas ocasiones los viajes dependen de reunir una cantidad determinada de pacientes. Cuando esto no ocurre, algunas personas deben trasladarse por sus propios medios.
Ante estas situaciones, Renacer también interviene desde la solidaridad. En algunos casos colaboraron con el costo de pasajes y, en otras oportunidades, las propias pacientes organizaron rifas para reunir dinero destinado a los viajes, los turnos y los estudios médicos que deben realizarse fuera de la ciudad.
A esto se suman los costos y las dificultades vinculadas a estudios como mamografías, ecografías y otras prácticas necesarias durante el seguimiento de la enfermedad. Para muchas familias, cada traslado implica no solamente afrontar el viaje, sino también organizar tiempos, turnos y recursos económicos.
Desde el grupo remarcan que esta realidad alcanza a una cantidad importante de personas en la zona y que existen pacientes que atraviesan situaciones de extrema complejidad. Por ese motivo, consideran necesario visibilizar las dificultades que aparecen durante el tratamiento, más allá del diagnóstico inicial.
En paralelo, Renacer sostiene que su función principal no es reemplazar la atención médica, sino brindar un complemento desde el acompañamiento emocional. Carlos Chaile, tallerista del grupo, explicó que quienes integran Renacer buscan ofrecer un espacio de contención a personas que muchas veces atraviesan estados de angustia y preocupación durante el tratamiento.
En ese sentido, el grupo cuenta con el acompañamiento de la psicóloga Marisa Tapia, quien brinda encuentros mensuales destinados tanto a las pacientes como a los integrantes de Renacer, con el objetivo de fortalecer las herramientas de acompañamiento emocional.
“Lo nuestro vendría a ser un complemento, que es la parte netamente psicológica y emocional”, explicó Chaile, al remarcar que el objetivo es estar presentes cuando las pacientes necesitan ser escuchadas y acompañadas.
Así, mientras Renacer prepara su maratón solidaria del 25 de octubre, sus integrantes buscan que las actividades del “mes rosa” también sirvan para poner sobre la mesa una realidad que muchas veces queda detrás de los diagnósticos: el desafío cotidiano de sostener un tratamiento, conseguir la medicación, trasladarse para acceder a la atención y, al mismo tiempo, atravesar emocionalmente una enfermedad que transforma la vida de toda una familia.











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